El perdón no ha sido objeto de estudio interesante para la psicología hasta hace relativamente pocos años. Es en la década de los 90 cuando empieza a cobrar importancia.

Existe un amplio volumen de trabajos sobre el perdón que ponen de manifiesto los beneficios que se derivan del hecho de perdonar, no sólo en el plano personal, sino también en el de las relaciones interpersonales. El perdón puede convertirse en una gran herramienta clínica para variedad de trastornos o problemáticas, como muestran muchas investigaciones y el ejercicio clínico.

Históricamente nos encontramos con una resistencia en el ámbito de la terapia para trabajar con el perdón, quizá porque se asocia a cuestiones más teológicas o morales, y también porque existe la creencia de que si se absuelve al agresor, la víctima vuelve a colocarse en una posición de fragilidad donde puede volver a ser abusada. En la realidad, el perdón puede realizarse desde una posición de fortaleza y de protección frente a las agresiones.

Yo diferenciaría entre dos tipos de perdón (que en su fase última confluirán), el perdón a uno mismo y el perdón a los demás. El perdón a uno mismo se define como el deseo de abandonar el autoresentimiento ante el reconocimiento de que hemos cometido un error objetivo, fomentando la compasión, la generosidad y el amor hacia uno mismo. Puede ser una conducta específica, un rasgo de personalidad o una tendencia a perdonarse en distintas situaciones a lo largo del tiempo. El fracaso a la hora del autoperdón predice baja autoestima, altos niveles de culpabilidad y además se ha encontrado que se asocia a niveles más altos de psicopatología, neurosis en general, depresión y ansiedad. El éxito en el autoperdón va de la mano de conductas y actitudes más prosociales, la amabilidad, la facilidad para perdonar a otros, el bienestar y la salud mental.

TeperdonoMeperdonoEl perdón hacia los demás se diferencia en que puede ser unilateral, decidimos perdonar a alguien sin necesidad de actuación alguna por parte del ofensor, entendiéndose como un acto que ayuda a aliviar el malestar propio del ofendido.  La reconciliación con el otro no tiene por qué darse en este caso. Sin embargo, en el perdón a uno mismo, el perdón y la reconciliación están siempre unidos.

El lado oscuro del perdón a uno mismo comprendería una laxitud respecto a la responsabilidad que asumimos para con las relaciones con el otro, o para con nosotros mismos. Sentir responsabilidad nos permite asumir la autoría de los daños que cometemos, y la posibilidad de resolución y cambio personal. De hecho en el caso de personas narcisistas, encontramos una capacidad extraordinaria para el perdón a uno mismo (asociado a la no autoresponsabilización de su parte) y una baja capacidad para perdonar al otro.

Cada persona perdona o deja de perdonar, se perdona o se autoculpabiliza como ha aprendido y según los modelos a los que ha estado expuesto. A lo largo de los años en que he trabajado como psicóloga realizando psicoterapia, me he encontrado con que el perdón ocupa un lugar nuclear de cara a resolver las heridas que marcan nuestra personalidad y nuestra historia. Aunque definir y categorizar ayuda a entender los mecanismos del perdón, considero que al final perdonarnos y perdonar al otro terminan confluyendo y se retroalimentan.

Estas categorías para organizar la información son de carácter meramente descriptivo y ayudan a la comunicación, pero pueden actuar como etiquetas. No tengo ninguna duda respecto a que las personas actuamos y desarrollamos sintomatología porque tenemos una razón para ello, por lo tanto, mi forma de trabajo considerará siempre las particularidades de la historia de vida de cada individuo, familia o pareja, con el objetivo de comprender qué sentido tienen, y sólo desde ahí poder resolver.

Psicólogo Collado Villalba – Psicólogo Madrid Avenida de América – Barrio de Salamanca

 

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