Cada individuo, cada persona tiene una manera determinada de ver el mundo. Manera determinada por la cultura, la educación, las relaciones afectivas… entre otras, y por supuesto su experiencia. Experiencia con la que construirá su peculiar representación del mundo, y es con ésta con la que establecerá una relación con la realidad… tal vez la ansiedad no es más que una forma de relacionarnos con la realidad, una confusa, una dolorosa, pero una necesaria hasta hallar la puerta de una que se adapte mejor. A menudo las personas que sufren ansiedad refieren confusión entre su mundo interior (pensamientos, emociones…) y lo que encuentran en el mundo exterior. Al pensar, no encuentran racionalmente la conexión entre lo que sienten y el contexto presente. El o los motivos de su angustia se escurren entre los aparentes hechos, lo cual genera más angustia cerrando un ciclo al infinito. Y es que no sentimos miedo del mundo que se nos presenta, sino del mundo que vemos. Una diferencia clave entre miedo y ansiedad sería que ante el miedo localizamos perfectamente la fuente amenazante, sin embargo en la ansiedad desconocemos el objeto amenazante dificultando así una respuesta clara, una que se adapte perfectamente como cualquier otra.

La ansiedad se puede manifestar de muchas formas: una persona con ansiedad puede sentir tensión muscular, palpitaciones, manos o pies fríos, oleadas de calor o escalofríos, todas ellas respuestas provocadas por la adrenalina que descargamos al sentir pánico. También puede sentir la necesidad de evitar a aquellas personas, lugares o situaciones que le generan malestar, incluso la sola idea de tener que enfrentar una de esas situaciones despliega los síntomas. Otros frecuentes son la irritabilidad, las náuseas, los vértigos, los temblores, las dudas reiteradas, los mareos y las preocupaciones excesivas incluso, obsesivas. Algunas personas pueden tener ataques de pánico (o ansiedad repentina o muy elevada) cuando se encuentran en situaciones de aparente tranquilidad o bienestar.

AnsiedadNo es difícil imaginar las repercusiones que tiene padecer todo este catálogo de síntomas, empeorando significativamente nuestro rendimiento laboral o escolar, dificultando las relaciones íntimas y afectivas, incluso hacia el propio individuo creándole dudas sobre sí mismo. Generando miedo “donde antes no lo había”. Creando ese miedo al miedo, anticipando la catástrofe antes de que ocurra. Puede además, enlazarse con depresión, consumo excesivo de drogas, estupefacientes o tranquilizantes… y empeorar aún más la situación.

Resulta complicado comprender que toda esa ansiedad, todo ese sufrimiento en realidad es positivo para el individuo. No existen respuestas sin preguntas y la ansiedad es más un ultimátum que una simple respuesta. Es posible que este ultimátum venga después de desoír muchas veces estas respuestas… Si por un instante comprendemos la ansiedad como un mensaje, como una tabla encriptada a descifrar por cada individuo, entenderemos rápidamente que hay algo que queremos decirnos y no podemos escuchar. Aquí está al juego, el juego en que nuestra percepción del mundo, nuestros deseos y nuestras necesidades no parecen ponerse de acuerdo. Hay una lógica coherente y continua en todo lo que nos ocurre, también en la ansiedad, aunque aparentemente quede oculta a nuestros ojos.

En psicología existen diversas teorías y modelos psicoterapéuticos que explican las causas y los tratamientos de la ansiedad; para algunos usted debería cambiar su manera de pensar, para otros debería dejar de huir y hacer frente a sus miedos, otros dirán que tendría que expresar sus sentimientos. Según el modelo biológico, tendría que tomar medicamentos y según el modelo de terapia humanista tendría que cambiar sus creencias y expectativas que tiene acerca de sí mismo y de su entorno, etc. Todas las teorías son correctas, cada una desde su perspectiva, desde su forma de entender a la persona que tienen delante, siendo el modelo biológico el más polémico y recomendándose en algunos casos como apoyo al trabajo psicoterapéutico. A la luz de los estudios se prefiere con mucho los métodos que están libres de medicamentos: son mucho más eficaces, dan resultado mucho más rápido y lo más importante, a largo plazo el paciente dispondrá durante toda su vida de las herramientas necesarias para superar los cambios de estado de ánimo que vayan surgiendo con el devenir natural de la vida, permitiéndole siempre ir hacia adelante, si ese es su deseo.

Armando Riol Velasco – Psicólogo sistémico.

Psicólogo Collado Villalba – Psicólogo Madrid, Barrio Salamanca

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